Dimensión 360

Enseñanza-aprendizaje, tips de informática y otros giros

Leonardo Gamallo sigue con nosotros

Cada vez que lo veía en el pasillo de la universidad me hacía un comentario jocoso. La mitad de sus afecciones de salud eran suficientes para derrumbar a cualquiera y sin embargo no pudieron contra su sentido del humor. Cuando muchos ya se habrían rendido el seguía con ímpetu hacia delante.

Su amor y dominio por la literatura, así como el dominio del lenguaje eran inmensos. Los primeros (y los de luego también) de sus escritos que tuve la oportunidad de leer estaban en un nivel que no me era familiar, Gamallo era un caso aparte. A veces pensaba que aquellas palabras eran el producto de un conocimiento muy superior, en otras, que eran el producto de una simpática burla. Creo que sabía muy bien mezclar ambas.

Cuando los aires de cambio traídos por la tecnología de circuitos integrados y la informática comenzaban a revolucionar la universidad Leo parecía convertirse en el Quijote que atacaría a los molinos de frías computadoras que querían despersonalizarlo todo. Sin embargo, convirtió a la tecnología en su Sancho y se volvieron inseparables. La informática le trajo nuevos caminos con los que enriquecer su ya amplísimo conocimiento y a la vez propagarlo a otros.

Leo nos diminutizaba (si Leo, esa palabra es un disparate) el nombre e inevitablemente le correspondíamos llamándolo Gamallín. Gamallín nos enseñó mucho. Batalló contra viento, marea, huracanes, tsunamis y todo lo demás y se mantuvo incólume. Si en algunos momentos se sacudió no lo usó de pretexto.

Siempre lo recordaré caminando por el pasillo riéndose con nosotros, “gufeándonos”, riéndose de las ironías de la vida.

Gamallín, no te vas, siempre estarás con nosotros.

junio 27, 2007 - Posted by | Uncategorized |

7 comentarios »

  1. Indiscutiblemente, uno de los mejores profesores que he tenido. Su sentido del humor era inmutable, y hasta las
    obras de literatura mas monotonas cobraban vida cuando
    el las discutía en clase. Siempre recordaré los diagramas que dibujaba en la pizarra, y su famosa línea “Prohibido terminantemente ir o hacer tal o tal cosa…” Siempre nos hacía reír con sus ocurrencias.

    Gamallo tocó muchas vidas, y fué mucho lo que aprendimos de él. Todos los que tuvimos la fortuna de conocerlo, jamás lo olvidaremos.

    Comentario por 10-4-14-4-12 (hex to alpha) | junio 28, 2007

  2. Nunca tuve la oportunidad de conocerle tan bien como tu y muchos otros lograron conocerle, pero realmente deja un hueco bien profundo en los pasillos de nuestra alma mater que lo vió recorrer de arriba a bajo con su mirada tímida pero fija y segura. Solo podemos pedir justicia para que la persona que cometió tan horrendo crimen no quede impune.

    Comentario por Marisol | junio 28, 2007

  3. Leonardo Gamallo. Amigo de todos. Una persona que le gustaba socializar, compartir, conversar y decir chistes. La facultad y administración lo querían. Los estudiantes locos con él. Un hombre que amaba su profesión y trabajo. A fin un profesor de excelencia. Gamallito, todos te extrañamos, pero sabemos que tu esta en un mejor lugar, en el paraiso con tu querida madre y nuestro señor Dios.

    Paz.

    Comentario por Angel Rosa | junio 28, 2007

  4. Me gradué hace 17 años y tenia/tengo una admiración tan grande por el Profesor Gamallo, que si leyera estas palabras que estoy escribiendo estoy segura que me regañaria y me corrigiera. Me hacia reir tanto siempre. Y recuerdo su frase: “Prohibido terminantemente…”!Yo siempre salia del salón de puntitas, shhh! Que Dios lo bendiga siempre.

    Comentario por Luisa Roman | julio 1, 2007

  5. Navarro, muy de acuerdo contigo. Nos arrancaron un amigo, un maestro, un ser que entregaba su amistad para siempre. Su legado va mas allá de la tiza y la pizarra, llega hasta el alma. Jamás lo olvidaremos.

    Comentario por Raul | julio 3, 2007

  6. Leonardo Gamallo me llamaba “the happy widow”,luego “viudin” (diminutivo para viuda). Fue tremendo ser humano, colega,
    amigo y un excelente profesor. Fue muy servicial y nos dio su amistad y amor incondicionalmente. Le dio clase a mis cuatro hijos y lo amamos como si fuera parte de la familia. Fue mi colega por treinta anos. Echaremos de menos el hecho de que se asomaba por nuestras oficinas para saludarnos. Le hice saber que admiraba su sapiencia, su gran dominio de la lengua tanto como de la literatura. Iba a mi casa con su querida madre, y al fallecer ella,iba solo, pero pude notar que nunca se repuso de esa perdida. Me invitaba a comer pues se sentia solo. Cuando yo le visitaba, me llevaba a su computadora para compartir sus escritos conmigo haciendome reir con su buen humor y el sarcasmo de sus escritos. Daba una clase magistral pues dominaba las eras de la literatura
    y sus respectivas obras. Su dominio del idioma, de las obras literarias,tanto como del arte de la elocuencia siempre le distinguieron. Me ayudo mucho con la gramatica castellana cuando me asignaron dar el curso de concentracion de ingles Analisis Comparativo de ambos idiomas. Mis hijos y yo le guardaremos un espacio en nuestros corazones. Siempre le hice saber que lo admiraba por su gran habilidad para escribir y le di el consejo de que al retirarse se dedicara a escribir. Le cegaron la vida muy temprano. No merecio ese tipo de muerte tan cruel, pues su condicion de Parkinson y p su fragilidad fisica no le permitieron defenderse. No tuvo tiempo de publicar o de terminar algunos escritos. Siempre te llevaremos en nuestros corazones,pues tu legado fue grande. Adios, amigo del alma, Leoncio,(asi le llamaba),que descanses en paz.

    Myrna

    Comentario por Myrna E. Torres | julio 11, 2007

  7. La Barada me decía cuando me veía. Todo ajoradito con su acostumbrada sonrisa, “aquí voy con mis bártulos” me decía. Siempre preocupado por su salud, se cuidaba mucho, pero pá lante”. Recuerdo ya hacen muchos años, cuando Leo protestaba por la dichosa computadora, como él decía, y sin embargo terminó siendo un ducho en la materia. Todo en esta vida surge con un propósito, estimo que uno de los propósitos de su deceso ha sido el enseñarnos que no esperemos a que un ser humano muera para decirle cuanto lo aprecias, lo amas o lo quieres según sea el caso. Recordaré a Leo por su sonrisa pícara, por su acostumbrado “ah! estos muchachos no quieren leer”, “es que Gladys, no leen!. Que mucho se preocupó Leo porque sus alumnos aprendieran. Que allá en el cielo continúe con sus charlas, con lecciones, como digo yo,magistrales, como aquella que nos ofreció cuando Doña Hilda Bacó era nuestra Rectora, aunque no entendimos todo lo que nos dijo debido a la complejdad y riqueza de su vocabulario, salía una de la actividad gozosa y orgullosa de tener a un claustral como él entre nosotros. Te echaré de menos aunque un día X nos veremos nuevamente y junto a Bengie diciéndome “nena linda”, tú me dirás, “la Barada”.

    Comentario por Gladys Barada | julio 16, 2007


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